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12/3/11

Los subsidiados y las fuerzas represivas

Pensamiento Hispánico | En las últimas fechas, y en Castellón, hemos observado cómo los trabajadores españoles están despertando del letargo.

Desde hace aproximadamente un mes, un grupo de jóvenes trabajadores en paro se vienen manifestando, bajo el menosprecio de los medios de comunicación del sistema y bajo el desprecio de los partidos y de los sindicatos del sistema, que lo más que han hecho ha sido intentar comprar el silencio de los manifestantes con dinero de los contribuyentes.

Los últimos en el intento, SEPC (Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans), que recibe miles de euros en subvenciones y que da amparo ideológico a terroristas.

Mientras tanto, y en una semana que ha sido completa en cuanto a reivindicaciones de los oprimidos y absoluta en cuanto al silencio llevado a término por los medios del sistema, se ha dado la circunstancia que ni el miércoles, ni el viernes ni el sábado puede decirse que se haya reunido un número significativo de damnificados por el sistema. Parece que se sientan más a gusto no haciendo nada, esperando el día y la hora de su holocausto con una paciencia letal.

Quienes sí se han movilizado, por el contrario, son los asalariados del sistema, que hicieron acto de presencia el miércoles ofreciendo a los concentrados tomar parte en el permanente banquete que los sindicatos del sistema están llevando a cabo a costa de todos los españoles, si bien la oferta fue debidamente rechazada por los tiranizados.

Pero no contentos, un muy importante número de asalariados del sistema se concentró también el sábado, frente a la Subdelegación del Gobierno de Castellón, con la sana intención de agredir a los trabajadores que allí se habían concentrado nuevamente para reivindicar lo que el sistema les ha usurpado: Patria, Justicia, trabajo y libertad.

Cuando estos trabajadores estaban manifestando su disgusto, desde la sede de los sindicatos del sistema, instalada en el edificio usurpado a los trabajadores en la Plaza Maria Agustina, los subvencionados a costa de los trabajadores, han descolgado una pancarta insultante, mientras otros asalariados de los mismos amos insultaban y llevaban a cabo actos obscenos en la vía pública.

Mientras tanto, las fuerzas represivas del sistema, conocedoras de la situación con tiempo sobrado ya que habían sido avisados horas antes, han hecho acto de presencia con una hora de retraso, y como viene siendo normal en el sistema tiránico de los sueldos oficiales, de los enchufes y de la mentira, han acusado de agresores a los agredidos, los trabajadores que reclamaban contra la casta política parasitaria y han apoyado a los subsidiados del sistema, a quienes no han llegado a imitar en sus actos. Se duda si acaso estas fuerzas represivas serán denunciadas por los subsidiados del sistema por el hecho de no haberles imitado cuando éstos se bajaron los pantalones en claros actos obscenos y en clara burla de quienes se manifestaban contra la corrupción de los políticos.

Autor: Cesáreo Jarabo

28/1/11

La Historia no perdona mitos

Soy un barcelonés de 30 años que, como mi generación, creció con el Club Super 3, el Tomàtic, la Bola de Drac, la Arare, Sau, Sopa de Cabra, Els Pets, Els Caçafantasmes, “Regreso al Futuro”… Veíamos la predicción del tiempo en la TV3, con los dibujos de soles y nubes sobre un mapa de los Países Catalanes.

En la escuela nos explicaban la historia de las cuatro barras, pintadas por el emperador franco con la sangre de Wifredo el Velloso sobre un escudo o tela de color amarillo-dorado: así nació nuestra bandera (la Senyera). Los domingos por la mañana bailábamos sardanas en la plaza de la Iglesia, y daba gozo ver en un mismo círculo a los abuelos y los nietos, cogidos de la mano.

En Navidad hacíamos cagar al “Tió”, y poníamos un “Caganer” con barretina en el Nacimiento. Así, disfrutábamos de una auténtica Navidad catalana como Dios manda.
En la primavera cogíamos las Xirucas [marca de calzado], y nos íbamos a nuestros Pirineos a disfrutar de nuestras montañas y sierras, en nuestra tierra.
Celebrábamos la “Diada”, con ánimo de no olvidarnos de la derrota de nuestro pueblo contra Felipe V y los españoles.

Somos un pueblo trabajador, con carácter, distinto del resto. Tenemos la Caixa, el RACC, los Mozos de Escuadra y los Ferrocarriles Catalanes. ¿Qué más queremos? Pues queremos, queremos, queremos…

Pero la verdad no se puede ocultar siempre. Te vas de Erasmus a Londres, y descubres que existe vida fuera de nuestro pequeño planeta catalán. Que también hay trabajadores con carácter en otros territorios. Que la Caixa no es tan importante, si se compara con el Commercial Bank of China. Que solamente una ciudad como Shangai tiene 20 millones de personas (tres veces toda Cataluña).

Descubres la verdad: que lo de las cuatro barras de Wifredo el Velloso sólo era una leyenda, un mito, sin fundamento histórico. Ni Wifredo fue contemporáneo del emperador, ni se usaba la heráldica en ese siglo. Además, hasta la unión con Aragón, el emblema de los condes de Barcelona fue la cruz de San Jorge (una cruz de gules sobre campo de plata).

Descubres que la sardana la inventaron en el año 1817. Fue un tal Pep Ventura, que tampoco se llamaba Pep sino José, nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén, e hijo de un comandante del Ejército español. Se la inventaron, porque no podía ser que la jota de Lérida o del Campo de Tarragona fuese el baile nacional. Y tampoco podía serlo el baile denominado “El Españolito”. Por eso se inventaron la sardana a comienzos del siglo XIX: para crear una identidad nacional inexistente hasta entonces. La sardana, otro mito.

Descubres que en 1714 no hubo ninguna guerra catalana-española, que Cataluña no participó en ninguna derrota bélica. Fue una guerra entre dos candidatos a la Corona de España, vacante desde la muerte de Carlos II sin descendencia: entre un candidato de la dinastía de los Borbones (de Francia) y otro de la de Austria (de tierras germánicas). En todos los territorios de la Corona de España hubo austracistas y borbónicos: por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo lucharon en el mismo bando que Barcelona. No fue, como intentan venderlo, una guerra de secesión, sino de sucesión: ningún bando aspiró nunca a romper la unidad dinástica entre Castilla y Aragón, ni la separación de Cataluña.

La Diada, otro mito.

Descubres que el “caganer” del belén es una “tradición” que no se generaliza hasta el siglo XIX, como la sardana. Y que el “Tió” es otra milonga identitaria y absurda. La Navidad catalana, otro mito.

Te das cuenta que [los nacionalistas] nos han tomado el pelo. No nos han educado, sino adoctrinado. Que nos han alimentado, sin darnos cuenta, de una “ideología total” que se encuentra por encima de todo y de todos. Lo abarca todo: permite pisar el derecho de las personas, modelar la Historia a su gusto, y determinar qué está bien o mal.

Te das cuenta que [los nacionalistas] nos han adoctrinado a través de mitos, leyendas, mentiras. Que han construido o falseado una realidad, con tal de fundamentar su ideología. Intentaré poco a poco ir comentando esos mitos. Pido ayuda y la colaboración de todos, para tratar de encontrar otras mentiras. Así, [los catalanes] podremos liberarnos de esos mitos, y ser libres de verdad.

Luis Mariano