Mostrando entradas con la etiqueta Falangismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Falangismo. Mostrar todas las entradas

10/5/10

"Confesión" por Eduardo López Pascual

Eduardo López Pascual, mayor de edad, vecino de esta ciudad, casado y ya retirado de mi trabajo como profesor, después de toda una vida entre vosotros, confieso. Confieso que soy falangista casi desde los diecisiete años, luego de haber vivido diez años dentro del Frente de Juventudes y de las Falanges Juveniles; confieso que fue allí donde me inicié en cosas tan peligrosas como amar a España. A saber convivir con todos los muchachos de mi pueblo, a caminar junto a ellos, a comer de la sartén los arroces del domingo en las marchas de las centurias, a dormir ocupando la misma tienda de campaña, a rezar un padrenuestro conjunto, a cantar letras que hablaban de camaradería, de servicio, de hombres del mañana. Confieso que ha sido en esas centurias de jóvenes, repletas de adolescentes de todas las clases sociales, más de las humildes como yo, donde escuché las primeras palabras escritas por un español excepcional, José Antonio, que hablaba de justicia social, de esperanza por una patria grande y libre. Y confieso, como no, que allí me enseñaron cosas tan extrañas como respeto, obediencia, esfuerzo, convivencia y perdón. A superar diferencias cuando otros compañeros procedían de situaciones distintas, como los camaradas saharauis musulmanes, o los hijos de hombres que lucharon en bandos muy contrarios en una guerra incivil. Confieso que oí hablar de la Falange, y que eso abrió un sentido de compromiso por mi país; y desde ese sentimiento llegué a querer servir a España y a los españoles.

Confieso que me entusiasmé con las Obras Completas del fundador de Falange Española, José Antonio, en las que leía textos tan terribles como “queremos desmontar el capitalismo”, que el hombre, y la mujer, eran el “Eje del sistema”, o sea, lo más importante, lo que persiste y persistirá siempre; y también me empapaba de aquellas consignas igualmente peligrosas como “que sea mi sangre la última derramada en discordias civiles”. O, buscamos un hombre “mitad monje, mitad soldado” que por lo que se ve son por su propia naturaleza verdaderamente perversas. Si, confieso que esas palabras y lo que aprendía de José Antonio, -”Ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo”-, me hicieron falangista. Por eso no tuve inconvenientes en ir a Covaleda, y a Sanabria, a Riaño y a El Escorial, y otros sitios al lado de jóvenes venidos de todas las regiones española, comprometiéndonos con el ansia de transformar a nuestra nación, modernizarla, hacerla más próspera y digna, sin mirar al pasado triste, sino a la historia grande, a colaborar en las aldeas y campos de España. A atender y ayudar a sus gentes. Por eso, hacíamos cosas tan horribles como organizar campamentos, o iniciábamos cabalgatas para los niños, abríamos campeonatos de fútbol, o baloncesto, de balonmano, y hacíamos concursos literarios, teatro, y guiñol para miles de nuestros niños. Pero además nos sentíamos partícipes en ofrecer al pueblo español un ideal de tarea común. Asumí ser Delegado Local de Juventudes, para hacer más cultura, más ciudadanos, más españoles. Fui concejal en un ayuntamiento de aquellos años, para mejorar en lo posible a la ciudad donde vivía y trabajaba. Hacía política falangista.

Así que confieso. Soy falangista desde entonces y el mensaje no ha cambiado; servir a España, creer en su destino como pueblo, como nación. Trabajar para que mi prioridad sea el prójimo más necesitado, y todo en base a procurar una sociedad más libre, apacible y democrática.. Confieso que como falangista me inculcaron y acepté como norma a seguir, procurar que todos los españoles tuvieran una vivienda digna, que los trabajadores fueran copropietarios de su trabajo, que hubiera una sanidad y enseñanzas públicas de calidad; que prevalecieran valores de un humanismo universal basado en la mejor ética, la moral correcta, y un sentido claro de nuestra preocupación por la ecología, la defensa e la naturaleza, reinventamos el senderismo, y plantábamos árboles, y una sincera identificación con los valores libremente aceptados de la tradición cristiana. Si todo esto que lo suscribo personalmente, supone un peligro para la sociedad, no tienen más que venir a mi casa, prenderme y encerrarme en las oscuras celdas de un régimen que se llama democrático, porque yo, confieso que soy falangista.


1/5/10

ILEGALIZACIÓN

CESÁREO JARABO JORDAN | Todo el poder mediático; todos los chorizos enriquecidos a costa del pueblo español consideran inadmisible que FALANGE hable y los ponga en evidencia, y reivindican que se ilegalice a FALANGE. Todos demuestran que están conchabados para cerrar la boca de quién los ponga en evidencia.

Si eso es así, y FALANGE los pone en evidencia, TAMBIÉN YO SOY FALANGE.

¡QUE ME ILEGALICEN!

29/11/01

Concepto de Imperio

CESÁREO JARABO JORDÁN | Agradecido por el artículo sobre los falangistas en Extremo Oriente.

Entiendo que es comedido e introductor al estudio de asuntos de interés.

En relación a lo que se habla sobre la atención imperial destapada en España en los años cuarenta, deseo destacar un matiz, cual es que, ciertamente existieron unos artículos, incluso algunos folletos, uno de los cuales obra en mi poder, donde habla de unas supuestas reivindicaciones territoriales de España en Micronesia…

Pero ese aspecto de territorialidad no es el propio del espíritu de la Falange. Lo que Falange tiene, porque está grabado a fuego en el alma de todo español (español no es todo aquel titular de documento nacional de identidad, ni todo el nacido en España, ni solo los nacidos en España), es voluntad de Imperio. Pero eso debe ser explicado. España no tiene nada que ver con Europa, ni tan siquiera en el concepto de Imperio.

Imperio, para Europa, es expolio y crimen; Imperio para Europa es exterminio de razas enteras, mientras Imperio para España es fusión de razas, es agrandar el mundo para la Libertad y para Dios. Ni más ni menos lo que ha hecho en la Historia, y ahí está. Sólo hay que mirar Norteamérica, asolada por los europeos, y mirar del sur de Río Grande hasta la Antártida. La diferencia que se pueda encontrar racial y culturalmente hoy, viva, es la diferencia que existe entre Europa y España.

Y eso tiene reflejo en Filipinas y en Guinea, y se confirma, lamentablemente, al sur de Chile, en el departamento de Magallanes, en Tierra de Fuego, donde los fueguinos fueron exterminados a principios del siglo pasado como consecuencia de la intervención principalmente de ingleses y alemanes, con la anuencia de gobiernos chilenos influidos (dicen) por la masonería.

Como bien señala el artículo de Florentino Rodao, más importante era “el deseo de ganar una mayor influencia en el Archipiélago”. Pero es todavía más que eso. Ciertamente queremos Imperio, pero con la capital en Buenos Aires, y con el espíritu de Libertad. Sí, tenemos voluntad de Imperio, como bien rezan los puntos programáticos de Falange. Imperio de Hispanidad, de Fe, de Justicia y de Libertad. Y es que, no en vano, si en algún momento ha conocido grandeza cualquier pueblo hispánico, ha sido como Imperio. Desde que cayó el Imperio, la Hispanidad sólo ha sabido doblar la cerviz. Nuestro destino es el de vivir en común, en Imperio, libres, o el de sucumbir bajo nuestros enemigos, en repúblicas dominadas por siervos del imperialismo anglosajón.

En lo tocante a la relación de Falange con el Eje, tan sólo señalar que la constitución de la División Azul no fue con la idea de defender a la Alemania nazi (que entre otras cosas trituró a la católica Polonia, perseguía por cuestiones raciales y si era necesario colaboraba con el bolchevismo), sino para devolver la tarjeta de visita al comunismo ruso, su único frente de batalla… Y cumplió con su objetivo.