26/4/01

Clonación

CESÁREO JARABO JORDÁN | Los conceptos morales institucionales no hacen sino ampliar hasta el infinito el escepticismo de quienes tienen el vicio de pensar.

Es tal la dinámica llevada a efecto por el poder mundial establecido, que cuestiones como el divorcio ya son consideradas normales por la “moral” obligatoriamente implantada por el taladro del poder, y ya, hasta aspectos tan horribles y despreciables por inhumanos como la homosexualidad y el aborto son tenidos por muchos como derechos sociales.

Y es que quienes se atreven a detectar, juzgar y condenar hechos que son presentados como actuaciones genocidas (que efectivamente puede llegar el caso de que lo sean), favorecen, subvencionan, aplauden y fomentan crímenes contra la humanidad presente, pasada y futura, amparados en una aureola de “libertad” y democracia.

Primero implantaron el aborto y el “reconocimiento de normalidad” en algo tan enfermizo y digno de compasión como la homosexualidad o la poligamia, y ahora le toca de lleno el turno a la fabricación artificial de seres; a la clonación; a la fecundación de seres que no se sabe exactamente qué son, mezcla de vegetal y animal; mezcla de animal y persona; mezcla de persona y vegetal…

Nos encontramos en una situación que exige medidas drásticas, ya que no de los poderes públicos, implicados hasta la raíz en tanta irracionalidad, de las personas que deseamos un mundo limpio… o aún sucio… pero mundo, donde la persona tenga lugar.

Han conseguido estos asesinos de la humanidad que demos como bueno aquel grito que dio la tristemente conocida Dolores Ibárruri: “hijos sí, maridos no”. Un grito que en su día fue signo de la basura intelectual reinante, ¡qué grito tan revolucionariamente humano es hoy frente a la sociedad actual!

Nos han generado todo tipo de males: el aceite de colza, las vacas locas, los cultivos transgénicos… y ahora, directamente, el asesinato de la Humanidad.

¡Qué grito tan revolucionariamente justo el del históricamente criminal Partido Comunista de la Unión Soviética!: ¡Proletarios de todos los países, uníos!. Hoy se puede traducir como ¡Personas de todos los países, uníos!. Uníos y defended el derecho a la existencia. Vuestra, y de los caballos, de los perros, de las serpientes, de las plantas o de las amebas…, porque el actual enemigo ha dejado como enemigo menor de la humanidad al liberalismo, al marxismo, al ateísmo, y a sus productos. El actual enemigo, encarnado, con nombres y apellidos que todos conocemos es la perfección más pérfida del Apocalipsis… Y manda, ¡vaya si manda!. Tan solo puede ser combatido por la verdad, el honor, la justicia, la libertad… Los valores que durante tantos años han sido extirpados por sus acólitos.

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